Exposición en Galeries Bennàssar, Pollença (Mallorca). Del 16 de julio al 11 de agosto de 2011











Lo recuerdo treintañero y con unas ganas enormes de comerse la escultura, que es un modo de decir que se quería comer el mundo. Doce años después, me aparece quizá más sosegado –la madurez transfor- ma al ser humano-, sin haber perdido un ápice en el entusiasmo por la realización artística en tres dimensiones.
La piedra y el metal continúan siendo sus compañeros en el viaje plástico. Con ellos contrasta pa- receres y, del conocimiento de su conducta, aprende posibilidades. Y todo ello lo envuelve en un magnífico dialogo con elementos no físicos que le llevan a reflexiones de más altos vuelos. Hace poco tiempo, confesaba su agradecimiento al pensamiento de María Zambrano, a la cual rendía un sincero homenaje –a su manera, es decir, escultóricamente- por cuanto le había aportado para potenciar su camino creativo.
Con estos antecedentes, el interés de acercarse al trabajo reciente de Joan Barrantes no necesita justificarse.
En la primera mitad del siglo pasado, una pléyade de creadores –más pintores que escultores- se acercó al universo africano como fuente de inspiración. Para la mayoría de los pintores, los pai- sajes del norte del continente negro –que conocieron gracias a sus viajes- animaron muchos de sus cuadros. Entre los escultores, las máscaras de las diferentes etnias, por ejemplo, propiciaron obras singulares que permitieron con el tiempo interesantes evoluciones plásticas.
Más tarde, mediada la centuria, los autores giran sus miradas hacia el extremo oriente, centrando su atención fundamentalmente en China y Japón, una cultura diferente a la europea, atractiva y enrique- cedora. Las miradas no se han interrumpido, permanecen en posteriores generaciones. Uno de los más cercanos ejemplos nos lo proporciona Joan Barrantes, quien ahora nos ofrece –en laGaleria Bennassar de Pollença- un recorrido por sus más próximos resultados tridimensionales.
La descripción de la muestra nos llega de la mano del artista. “La exposición –nos informa Joan Ba- rrantes- está estructurada sobre el concepto del título que es "Haikús Matéricos"; son esculturas a modo de pequeños poemas.”
Bajo el título “Estados de ánimo” y, a través de una serie de piezas de pequeño formato, todas rea- lizadas con piedras redondas de mármol blanco en las que se ha integrado algún elemento de plomo, con lo cual se busca un dialogo entre los materiales, procurando expresar – como su título indica - diferentes estados de ánimo, y en donde se hace patente la intención por alcanzar el equilibrio entre el blanco puro – que para el autor se constituye en alma - y el plomo – entendido como símbolo de la cotidianeidad.
Siguiendo la presentación del artista, cabe centrarse en un grupo de esculturas de gran formato, desde los 135 x 32 x 42 cm. que mide “Trozos de uno mismo”, hasta los 225 x 85 x 60 metros de “ Mo- vimiento continuo”, pieza realizada en acero corten.
Completan el grupo las obras tituladas “Crecimiento interior”, “Puesta de Sol en el Mar”, “Creci- miento interior”. La enumeración en este texto de los títulos de las obras no es cuestión capricho- sa, sino que responde a la posibilidad de que el lector establezca los enlaces que considere oportu- nos para acercarse al trabajo de Joan Barrantes con más conocimiento de causa. Esos títulos nos conducen a pensar en la presencia de un cierto paisajismo de fondo en esta escul- tura claramente abstracta; a la intención por reflexionar con valores intelectuales y valores eminen- temente escultóricos, así como el énfasis por conseguir una provocación que le haga al espectador mirar hacia su interior.
Según la Real Academia Española, haiku o aikú es una voz japonesa que nos llega después de hacer es- cala en el aeropuerto inglés y cuya definición es la siguiente: “Composición poética de origen japo- nés que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente.” Con eso esta dicho todo sin decirlo, pues el tema –por lo que he podido enterarme- da para largo y tendido.
Había oído –y leído- esta palabra en más de una ocasión y, aunque intuía de que se trataba, jamás me había dedicado a profundizar sobre ella. Su temática está relacionada con la naturaleza y, con el tiempo adquirió un carácter espiritual.
Su influencia actual en la literatura occidental se ha hecho notar. Su presencia en la lengua cas- tellana también resulta notable. En Latinoamérica ha contado y cuenta con numerosos cultivadores, algunos bien conocidos, como Jorge Luis Borges y Mario Benedetti (Rincón de Haikus,1999). En España, el haikú ha contado, tanto en castellano como en catalán, con algunos poetas, como Llorenç Vidal y Eulogio Díaz del Corral.
Para la divulgación del género fue esencial la labor de Octavio Paz, que en 1956, en cola- boración con Eikichi Hayashiya, publicó una traducción de uno de los clásicos del género, “Oku no Hosomichi” de Matsuo Bashō. (Wikipedia dixit). Fechado en Cambridge 1970, escritor mejicano publicó “La tradición del haikú”, que al año siguiente publicó Alianza como parte del volumen “Los signos de rotación y otros ensayos”.
Cerraré el tema con la reproducción de algunos haikús de Basho-an, recuperados por Octavio Paz (Árbol adentro, 1987):
El mundo cabe en diecisiete sílabas: tú en esta choza.
Troncos y paja: por las rendijas entran Budas e insectos.
Hecho de aire entre pinos y rocas brota el poema.
Entretejidas vocales, consonantes: casa del mundo.
Huesos de siglos, penas ya peñas, montes: aquí no pesan.
Esto que digo son apenas tres líneas: choza de sílabas.
Alba
Sobre la arena escritura de pájaros: memorias del viento.
Pares y nones
Mientras los periódicos se deshojan
Tú te cubres de pájaros.
Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada.
Lodo del charco quieto: mañana polvo bailando en el camino.
No sé si a causa de un “vínculo por consanguinidad, afinidad, adopción, matrimonio u otra relación estable de afectividad análoga a ésta” (RAE), el caso es que el parentesco en- tre poesía y escultura es una realidad que se descubre con la utilización de un mínimo de olfato. Es un parentesco espiritual, qué duda cabe, aunque para ello no medie sacramento alguno y, si atendemos su acepción lingüística, se trata de una “relación de afinidad entre dos o más lengua en virtud de su origen común”; acepción que resulta mezquina y, tan cerra- da, que no permite especular sobre un tema tan sugestivo como es que nos lleva a entroncar la escultura con la poesía. Si Gillo Dorfles, mi padre espiritual en estos menesteres, se enterara del asunto quedaría un tanto entristecido. ¿Con las clases que ha dictado y con los libros que ha escrito para descubrirnos la existencia de un lenguaje global en el cos- mos artístico? Una existencia que pone de relieve el parentesco entre la música, la danza, la poesía, la escultura, la literatura, la pintura, el teatro y, si se me apura, el cine, el cine como arte y no como mercancía de la sociedad consumista.
Ahora sería oportuno establecer los vínculos de la obra de Joan Barrantes con el haikú, puntualizar las sugerencia de estos haikús matéricos y tridimensionales. Pero, al margen la extensión del texto, si me meto en estos menesteres, ¿qué dejo al albedrío del espectador? Así que, como dice un haikú, calma, “Luna, reloj de arena: la noche se vacía, la hora se ilumina.”
Rafael Prats Rivelles L’Eliana, invierno de 2011

Nacido en París el 2 de agosto de 1966, de formación autodidacta a asistido a diversos cursos de la Universitat Popular de Gandia, así como en el Centro de Arte Contemporáneo y Estudios “La Rectoria” de Barcelona. Desarrolla su actividad dentro de los campos de la escultura, el grabado y el dibujo.
La poesia
dice honduras que a veces
la prosa calla
Idea fugaz
atrapada / y materia
hecha sentimiento
No sigas las huellas
de los antiguos
busca lo que ellos buscaron
Matsuo Bashoo
Joan Barrantes: Haikus matéricos (esculturas)
Galería Bennàssar, Pollença (Mallorca)
Inauguración: Sábado 16 de julio a las 20:30 h.
Exposición: Del 16 de julio al 11 de agosto de 2011