Albert Lerycke
Pulsa sobre las imagenes para verlas en grande.

"El fotógrafo es el ser contemporáneo por excelencia; a través de su mirada, el ahora se vuelve pasado". Berenice Abbot

A principios del s. XX, Eugène Atget recorría a diario las calles de París con un equipo fotográfico anticuado y sumamente pesado. Sus jornadas comenzaban antes de la madrugada y terminaban a altas horas de la noche, en un oscuro laboratorio, sumido en la atmósfera irrespirable de la nube química. Un trabajo que prolongó, sin apenas descanso, durante más de tres décadas, haciendo frente a problemas personales, económicos, de salud... Su testamento fueron unos cientos, miles de fotos que, si se me permite el tópico, hablan por sí solas. Asombrados ante la vida y obra del padre de la fotografía contemporánea sólo cabe preguntarse: ¿Qué impulso le movía?

La macrofotografía submarina es una férrea disciplina. A la compresión de la óptica, la mecánica y la química fotográficas, hay que sumar las exigencias, las duras exigencias de la inmersión. Y todo ello, ¿Para qué? ¿Qué mundo desconocido, avistable sólo a través del objetivo, es el que nuestro fotógrafo persigue embalsamar antes de que se desvanezca? ¿Qué quiere Albert Lerycke salvar de la desaparición, del olvido? ¿Qué se propone, día tras día, arrancar fotográficamente de las garras de la muerte en la profundidad de las aguas, trayéndolo a la superfície para ponerlo ante nuestros ojos?
"Simbiosi": ¿Presente o pasado? ¿Deseo o denuncia?

Pero ya está bien de preguntas. La sobrerrealidad de "Simbiosi", sus otros mundos, yacen al alcance de nuestras necrófilas miradas gracias al esforzado trabajo del cameraman. Pasen y vean. Y déjense atrapar, capturar por la muda belleza que, como un misterio insondable, insoluble, emana de cada imagen, rescatada para nosotros en el fondo del océano por la cámara, el ojo imperturbable y asesino de Albert Lerycke, fotógrafo.

Alejandro Caja Forteza